AMIGAS DE NUEVO


Recuerdo con un dejo de tristeza aquellos días en que no faltaba ocasión en la que la acompañara en todas sus travesías. Aún recuerdo la caricia de sus dedos y el beso de sus labios en las instancias de mayor conexión. Sin embargo, hace un tiempo que siento cómo me voy secando de a poco, con el único consuelo de alguna parca mirada suya, que no es suficiente para mitigar mi dolor y despertarme de mi largo sueño.

Cada día que pasa deseo que ella quite sus ojos del monitor de su PC y me mire. Pareciera que desde que apareció ese  feo teclado que suele usar para escribir, se ha olvidado de mí. Ni se acuerda de que en un tiempo éramos inseparables compañeras ni de que, hasta latiendo en sus manos, solía despertar su imaginación. Pero aquí está una vez más sin prestarme atención. Solo mira, piensa, espera, inmóvil... con la mirada perdida en un punto lejano de ese frío e inexpresivo monitor. Yo la conozco bien: creo que está tratando de encontrar inspiración.

La observo teclear y detenerse unos instantes, dudosa. Quisiera reclamar su atención de alguna manera eficaz, sin interrumpir su concentración pero de manera elocuente, como antes, cuando mi asistencia era necesaria y valorada.

Luego de minutos eternos, descubro que algo en ella se moviliza internamente y la emoción me embarga. Por fin se pone en acción, me toma en su mano derecha y empiezo a latir, con la esperanza renaciente de que ella y yo seamos una sola sobre el papel. Sin embargo, ella se toma su tiempo… me muerde el capuchón distraída y de a ratos me hace girar entre sus dedos.

¡Ahora sí! La felicidad me invade porque mi sueño comienza a hacerse realidad. Me deslizo danzarina sobre los delgados renglones, bajo la suave presión de sus dedos brillo como si estuviera sobre una pista de gala, luciendo mi mejor traje y regalándole la luminosidad de mi tinta, que es mi propia sangre.

Ella termina de escribir su frase y repara en mi auxilio desinteresado, redescubriéndome. Me besa agradecida y yo le perdono el mordiscón previo, más agradecida aún. 

¡Somos amigas de nuevo!




SIN TU AMOR


CORAZÓN HERIDO

Sentado ante la máquina de escribir, entumecido su cuerpo por largas horas de concentración en aquella tarea, arrancaba la página mal hecha por décima vez y la arrojaba al papelero. Su inspiración de poeta, otras veces productiva y rica, se había disipado y sentía una extraña insatisfacción interior.

Se quitó los anteojos y, mesándose los cabellos con impaciencia, se acercó a la ventana mirando sin ver, escuchando sin oír, perdido en una maraña de pensamientos inconsistentes. Su vocación literaria, que hubiera sentido tan fuerte, parecía evaporarse y lo hacía tambalear y preguntarse si no había equivocado el rumbo. Tal vez ...

Su distracción de pronto se transformó en un fruncir de cejas y en el enfoque de sus ojos mareados hacia la esquina de la cuadra. Las hojas secas habían cubierto la acera, pero algunas jugueteaban con el viento y, elevándose en el aire y formando pequeños remolinos, volvían a caer sin un orden preciso. Y justamente debajo del colchón de hojas asomaba una forma incierta, oscura, palpitante.

El poeta estaba intrigado. Su mirada distraída se convirtió en escrutadora y trataba de adivinar que sería aquello. Bajó la escalera hasta la vereda en cuestión, con pasos lentos pero seguros. Una ráfaga de viento lo envolvió y, al elevarse, se llevó consigo a las hojas quebradizas que tapizaban ese sector y las trasladó a otro tramo.

Pisoteado por los caminantes indiferentes, polvoriento y desgarrado, herido y sufriente, se hallaba el corazón. El poeta se sintió descompuesto y tuvo que sostenerse con firmeza de un poste. Los transeúntes seguían pasando por allí, mirándolo extrañados pero sin interés en comprometerse con ese hombrecito desgreñado y tembloroso.

Y, repentinamente, pasó un rayo de luz por la cabeza del poeta, y comprendió que sólo él podía ver ese corazón moribundo, verlo y sentirlo. Lo llevó consigo, abrigándolo entre sus ropas, y colocándolo después, en el calor de su hogar, sobre un almohadón mullido y suave. El hombre quería saber a quién pertenecía pero creía que eso no era primordial todavía. La prioridad era sanarlo.

La tristeza anidada en su alma le produjo una súbita necesidad de crear una poesía, y las palabras brotaron como lágrimas inundando el papel, vaciando su espíritu lentamente. Al terminar su poema, se sintió en paz. Los versos escritos habían sido inspirados en algún lejano rincón de su alma, desconocido por la melancolía que destilaba. Pero eran suyos, y escribirlos había representado para él una terapia.

El corazón tumbado y silencioso había empezado a recuperar su esperanza, y las grietas se iban cerrando, su palpitar se hacía casi sonoro... Pero el poeta no podía ya verlo, porque su tarea de escribir lo absorbía por completo.

Cuando concluyó su poesía, miró agradecido hacia el sitio de honor donde descansaba el fatigado corazón, pero ya no estaba allí. Había regresado a su verdadero cobijo, había vuelto al pecho que lo apresaría con amor, ya recompuesto y vigoroso, para dedicar a la vida las palabras que brotaban de él, como parte de su esencia misma, como un mágico misterio.

HOY ME DIGO...

Hoy me miro al espejo, dibujo una sonrisa y me digo que soy valiosa... que mis arrugas son signos de batallas ganadas pero que, aun así, no dejan de reflejar mi verdadera belleza.

Me digo que mi alma trasciende mi mirada y que lo que devuelve son cosas buenas.

Que gané muchos desafíos en la vida y que seré mi propia motivación para lograr más, a partir de hoy.

Para mí… por mí…


Porque tengo mucho para dar y porque estoy receptiva para lo que tenga que llegar.

Porque las viejas heridas cicatrizaron y me besan en el centro del alma, amorosamente, recordándome sus enseñanzas.

Porque decido dejar de lado las expectativas sobre los demás, y así evitaré decepcionarme; porque elijo aceptar la vida tal como es y a las personas así como son, sin pretender cambiar nada ni hacerlos cargo de mis fallos.

Hoy me digo que elijo alinear mente, corazón y acción en todos los órdenes de mi vida, amigando sus controversias para ser auténticamente yo.

Que caminaré de a un paso por vez, saboreando cada segundo, sin mirar atrás y sin anticiparme a lo que vendrá.

Que nunca estaré sola, porque me tengo a mí misma y soy la compañía que siempre tendré.

Que mi fortaleza sigue construyéndose en el día a día, porque Dios vive en mí y respira a través de mí.

Porque sé que yo también soy Universo.



APENAS

Si tienes libres unos minutos, te diré
algo muy simple, algo muy breve.
Solo una cosa quisiera. Una, ¿sí?
O... tal vez, no sea una solamente...
podrían ser dos, o tres... o cinco... o diez
y así y todo, no dejaría de ser solo un número
que podría abarcar apenas
una porción de mi deseo.

Si tienes libres unos minutos, te diré que...
asaltaste mis sueños,
te alojaste en mi mente, en mi pecho y en mi cuerpo,
te convertiste en el apetito que me acosa
desde y hacia todos los frentes.

No pediré mucho. Apenas pido tu boca,
apenas pido tus manos y toda tu piel.
Y deseo tenerte a mi lado para que me descubras
como el hada de tu mundo
adherida a tu sudor, abrazando tus misterios
e impregnándonos de miel.

Tan solo quiero amarte todas las horas
sin mirar qué minuto marca el reloj.
Mirarnos a los ojos y desnudar nuestras almas
con la indescriptible sensación de dejarnos llevar
más allá de todo
más allá del mundo
más allá de los dos.

Entonces, has visto que tanto no pido...
Una sonrisa, un abrazo, un suspiro,
un destello, una caricia, un momento, 
un despertar a la magia, un amanecer.
Y también una canción: la tuya,
a pura emoción. 
Apenas pido... solo eso.




ALLÍ ESTABAS

(Publicado en mi libro Trío Vivo, 2011 ©)


Allí estabas y yo no sabía.
Me espiabas con lujuria
mientras mis ropas caían
para mi rutina de baño.
Allí estabas, espiándome,
con la complicidad de la luna
y el guiño de las estrellas
reflejándose en mis ojos.


Si hubiera sabido…
¡Ay, si hubiera sabido…!
¿Te habría invitado a pasar,
o habría ganado mi pudor?
¿Habría corrido mi cortina
sudorosa, lentamente
ofreciéndote el plato principal
sazonado con espuma…?
¿O habría gritado a la noche
pidiendo socorro?


Allí estabas y lo supe:
“¿Qué esperás? Aquí estoy…”
.
.
.



VOLVER A AMAR


Oigo afables melodías susurradas desde el viento,
veo palomas serenas surcando índigos cielos.
El arco iris de la vida desvanece los silencios,
calma el alma dolorida y la envuelve con sus besos.

No miro más hacia atrás… el horizonte es perfecto.
Hoy quiero volver a amar sin soltarme de mis sueños.
Ser feliz en cada nota, en cada letra, en cada verso
con esta locura a cuestas, mientras me siento universo.

LOCURA O DESATINO



¿Qué locura o desatino
me lleva a sentirme viva,
me hace volar a la luna
sin importar el motivo?

No hay palabras acertadas
solo emociones, latidos,
dando vida a la esperanza
y abarcando mi camino.

TODO es hoy, no hay mañana...
Mas sin embargo, te digo:
"¿dónde estarás, amor mío,
que no te encuentro doquiera
mi cantar se vuelva trino?"


DISFRAZ SORPRESA

(Publicado en mi libro Trío Vivo y primer premio en el concurso de Letras Sensuales)


Frente al espejo, me pruebo mi antiguo uniforme de la secundaria, un jumper gris que hice acortar por encima de mis rodillas, una camisa celeste agua, una corbata bordó. Me peino con dos trenzas, como en aquellas épocas y me miro al espejo de cuerpo entero… no obstante, no me satisface el resultado. Parezco una niña boba y para nada sensual.

Esta noche debe ser exquisita y no me perdonaré ningún error. Voy al siguiente traje… un kimono largo y colorido, palillos japoneses para el peinado en alto. Maquillo mi rostro de color muy pálido, pinto mis labios carmesí. Tampoco me sienta, soy rubia… y ahora no tengo tiempo de cambiar el color de mi cabello.

Se me está haciendo tarde, vos casi llegás y yo aún no he escogido mi disfraz. Me lo has puesto difícil, mi amor… no me has dicho de qué vendrás disfrazado, solo que sería un encuentro especial, una cita diferente en mi departamento para celebrar mi cumpleaños.

Revuelvo los cajones de mi cómoda y allí encuentro la inspiración. Un diminuto delantal de encaje transparente que me regalaste hace algunos años, rematado con un breve moño rojo. Mmmmmm… con mi osada cola less queda muy sugerente. Esa braguita ínfima que destaca más mis notorias curvas hace juego con el sostén también breve.

Me siento muy desnuda y en parte me cubro con un chalequito negro que, desabotonado, sugiere secretos ocultos debajo, como a vos te gusta. Solo resta el peinado y el maquillaje… Ah! Los zapatos y un moño diminuto para el cuello también son detalles imprescindibles que no debo obviar.

Agrego un plumero para completar el atuendo, ¡y listo! Miro el conjunto y me veo sensualmente atrevida… me doy un guiño al espejo, quitando el polvo imaginario a mi alrededor.

El sonido de una bocina me hace dar un brinco. Sos vos quien ha llegado y mi corazón se acelera.
Abro la puerta…

-Pase, caballero. La señora no está en la casa- te digo mirándote con complicidad.

-Mucho mejor. ¡Qué bella mi muchachita! A ver… a ver… - tomás mi mano y me hacés girar. Tus ojos sorprendidos no caben en tu rostro cuando me mirás la espalda y el trasero provocador.

Disculpame, mi amor. Nunca más pude recordar de qué venías disfrazado… ¡te duró tan poco la ropa puesta! Casi tan poco como a mí. Sólo recuerdo el dulce sabor de tus besos y el creciente palpitar de mi pecho, en esa noche de verano en que jugamos juntos, a partir de la cual me convertí en la niña del plumero… para vos.


SOLO POR HOY

Hoy… solo por hoy
quisiera alejarme hasta de mi sombra,
ocultarme en algún resquicio de la tierra,
salirme de mi propio contacto
hasta sacudir el hastío solitario
y acallar los gritos de mi alma.
Tomarme vacaciones de mí misma
y de mi mente exacerbada.
Dormir sin sueños ni fantasmas ni delirios.
Apartarme de mí y de mis demonios.
Reinventarme…

Si lograra esa evasión…
(¡ay, si solo por hoy pudiera!)
ni lo dudaría.
Y si, finalmente, echara de menos
mi propia compañía,
entonces… entonces sí, tal vez,
querría volver a mi lado
y conmigo misma me quedaría.